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martes, 20 de noviembre de 2007

Suspiro/gemido

En realidad esta entrada no tiene absolutamente nada que ver con la temática del blog. Pero quería poner este texto aquí.


Carta de disculpa y pasión


Fue una casualidad. Ni siquiera sé como ocurrió. No le vi subir al vagón. Primero un roce inocente de manos y un escalofrio recorriendo mi espalda.


Lo siento, cariño.


Me encontraba pegada contra la puerta contraria al arcén. No podia verle, saber quien era. Sólo su reflejo borroso en el cristal. Tampoco importaba.


Se juntó más a mi...Sabia que era por el empuje de la gente que acababa de entrar.

En un último acercamiento no pude evitar que un suspiro saliese de mis labios. Los mantuve entreabiertos, sabia que en cuanto empezase a andar el metro, otro saldría de mi boca.


Lo siento, cariño.


Agité la cabeza buscando un poco de lucidez. Intenté fijarme en las paredes que pasaban a gran velocidad frente a mi, a través del cristal.

No sé en que momento fue consciente de mi situación, si al notar el calor abrumador que desprendía o al ver como, pese a no existir apenas unos centímetros entre nosotros, conseguí disminuir esa distancia.


Suspiró en mi nuca. Aunque al principio dudé si no habría, simplemente, resoplado.

Las dudas se me fueron en cuanto pasamos la siguiente parada.


Lo siento, cariño.


Salté del vagó rápidamente en cuanto pude abrir la puerta, tras empujar a todos los que me lo impedían. Resistiendome a mirar atrás, avancé veloz entre la gente. Antes de salir al aire libre ya me habia planchado con insistencia las arrugas invisibles del vestido y colocado el pelo nerviosamente. Tomé aire. Suspiré. Volví a tomar aire. No pude evitar una sonrisa pícara y satisfecha.


Lo siento, cariño, pero esto no funciona. El simple roce de un desconocido me produjo una emoción impensable. La vergüenza que sentí al alargar mi mano hacia él, en medio del abarrotado vagón; la excitación de sentir su mano derecha acariciándome el pecho, mientras con la izquierda se apoyaba en la puerta y se apretaba junto a mi para sentirle más,... Sé que no fue el simple erotismo del lugar, de lo prohibido, de pensar que nos podían descubrir. Simplemente sentí algo que no había sentido hace tiempo ―o quizá nunca― en mi interior. En cualquier otra situación podría haber ocurrido: al ir a la panadería cuando acabasen de cerrar, al médico por una simple revisión,... Soy guapa y todavía joven, ¿cómo no iba a suceder? ¿cómo iban a resistirse? ¿cómo iba a hacerlo yo?


Sus manos me tocaron por debajo de la ropa como las tuyas ni siquiera lo intentaron. Su labios me rozaron el cuello como ni siquiera tu aliento lo hizo.

Sé que me quieres ―yo también― pero no es suficiente.


Puede que esta carta nunca te llegue, puede que la rompa, la queme, incluso antes de releerla. Tal vez al verte entrar por la puerta con tu media sonrisa y tu suspiro de cansancio olvide todo esto. Quizá solo me la guarde cobardemente en el bolsillo cuando vengas a darme un beso en la mejilla. La guardaré junto a los recuerdos de esta tarde y al lado de los posibles sueños infieles que tenga en un futuro.


Pero si llego a dártela sólo decirte: lo siento, cariño.


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